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Desde sus inicios, la humanidad ha buscado remedios para combatir las dolencias que afectan a nuestro organismo. Estas estrategias han evolucionado a lo largo de la historia llegando en la actualidad a una tecnificación y especificidad inimaginables hasta el momento. La medicina alopática siempre ha sido pionera en esta búsqueda, sin embargo con el tiempo, se ha hecho imprescindible desarrollar otros enfoques asistenciales basados en otras formas de entender el cuerpo, la persona y la salud para poder dar solución a la variedad de patologías que nos amenazan. Debido al estilo de vida impuesto en las últimas décadas, la necesidad de una medicina complementaria que resuelva aquellos problemas a los que el tratamiento farmacológico o quirúrgico no ha dado solución, se ha convertido en una demanda social creciente.
Con ese espíritu nace la Osteopatía a las 10 de la mañana del 22 de Junio del 1874 de la mano de su fundador el Dr. Andrew Taylor Still que, movido por una adversidad familiar y decepcionado por la ineficiencia de la medicina que se practicaba en ese momento, desarrolló una terapéutica basada en los principios de la medicina, pero que utiliza como herramienta las “fuerzas naturales” para la curación. Estas fuerzas naturales no son más que las que el propio organismo ya posee de por si. Es aquí cuando la osteopatía se convierte en el vehículo para poder potenciarlas devolviéndole al cuerpo su capacidad inherente de adaptarse al medio, restableciendo la armonía entre los diferentes sistemas que lo configuran.
“… No sobrevive el más fuerte sino el que tiene mejor capacidad de adaptación al medio…”
Desde su fundación, la evolución de la osteopatía ha sido imparable tanto en EEUU como en Europa, donde actualmente se considera la práctica osteopática más auténtica y fiel a sus orígenes. En la actualidad, en Europa, el Reino Unido reconoce plenamente la osteopatía, la cual está integrada dentro del sistema sanitario público y su estudio está reconocido a nivel universitario.