François Allart: “para ser un buen osteópata es imprescindible la empatía con el paciente”

François Allart empezó a estudiar Osteopatía en 1978. En aquel momento era fisioterapeuta. Primero se formó en Francia, y más tarde en Maidstone (Inglaterra). Además de ejercer como osteópata, se interesa por la docencia en este campo desde 1999. Tal y como él mismo recuerda la primera clase la ofreció a una clase formada únicamente por médicos, en París. En la actualidad también da clases en Ginebra, y ejerce como osteópata en Francia. En la EOB, imparte las asignaturas de técnicas viscerales I y II.


¿Cómo concibe la Osteopatía?

Para mí la Osteopatía es como tener una caja de herramientas que tiene 3 compartimentos: el craneal, el estructural y el visceral. Como profesor realizo una aproximación más especializada a este último, pero cuando trabajo como osteópata realmente necesito todas las herramientas. Además, es necesario que la mano trabaje para la mente, y que la mente trabaje para la mano. No importa la perfección con la cual se domine una técnica: si la mente no está presente al hacerla, no será buena. Existe una relación profunda entre las dos cosas.


¿Qué es lo más importante que trata de transmitir a los estudiantes?

Uno de los principios fundamentales, aprendido de Jean Pierre Barral, es la empatía con el paciente. Si no se tiene, no es posible ser un buen osteópata, a pesar de que la técnica sea perfecta en su realización. Por eso muchas veces les digo a los alumnos que con repetir una técnica muchas veces no es suficiente. Es decir… es necesario, pero no es lo más importante. Tener todos los parámetros claros para realizar una técnica de Osteopatía no sirve si no hay una buena integración. Para mí el osteópata es alguien empático, que está dispuesto a hacer cosas para el paciente.

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¿Qué sucede si los alumnos se fijan únicamente en dominar la técnica?

Si un estudiante se queda simplemente en eso, corre el riesgo de que la filosofía que hay detrás de la Osteopatía desaparezca o quede muy diluida. En la actualidad, la mayoría de los profesionales corren ese riesgo, puesto que sólo se dedican a ella una parte de su tiempo, y en mi opinión eso no es bueno. Y no lo digo en absoluto como una crítica, sino todo lo contrario: con los alumnos puede verse que el potencial necesario existe.


¿Eso tiene relación con la situación actual de la Osteopatía en España?

Hay que tener en cuenta que, hace veinte años, la Osteopatía en Francia se encontraba en una situación muy parecida. Los osteópatas no podían dedicarse a su oficio a tiempo completo porque la gran mayoría eran fisioterapeutas. Sólo cuando hay una dedicación completa la Osteopatía se convierte en algo real, pero eso sólo es posible si es una profesión sanitaria plenamente reconocida. Influyen muchos factores: la historia de la Osteopatía en cada país, la cultura, el modo como se enseña… También es muy importante tener en cuenta la sensibilidad de cada estudiante.


¿Llegará a serlo en algún momento?

Con el tiempo la Osteopatía en España también será una profesión con total reconocimiento, al igual que lo es ya en Francia, el Reino Unido, Suiza y otros estados de Europa. En realidad simplemente es una decisión humana, por lo tanto no es algo tan difícil como parece.